El sonido de la lluvia cuando no tienes prisa

 

Hay un tipo de lluvia que no moja. Solo acaricia. No es tormenta, ni aguacero, ni ese chaparrón que te obliga a correr. Es una llovizna lenta, persistente, como si el cielo hablara en susurros.

La escuché esta mañana. Me despertó sin sobresaltos. Un murmullo suave contra la ventana, como si alguien pasara las yemas de los dedos por el vidrio. Y no tenía prisa. Esa es la clave. Porque la lluvia suena distinto cuando no tienes a dónde ir.

Me senté con una taza caliente entre las manos y abrí la ventana solo un poco. Lo suficiente para oler la tierra mojada y dejar que el mundo se volviera más lento. Nada espectacular. Solo una mañana gris, una calle casi vacía, y ese ritmo constante que parece contar historias antiguas.

 

 

A veces la maravilla no es una postal. Es solo un momento que pasa y, si lo notas, se queda contigo todo el día.


 

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